
Autor: AP
Era una estudiante italiana normal y se ha convertido en la mujer con más poder de la India. Javier Moro nos cuenta por qué decidió escribir su historia en “El sari rojo”.
Llevaba años con la idea de contar la historia de la dinastía más increíble de nuestros días, la de los Gandhi-Nehru: los Kennedy de Asia. Y quería hacerlo a través de los ojos de Sonia Gandhi, esposa de Rajiv y nuera de Indira, porque eso me permitía contar la historia desde el punto de vista de una europea. Su vida es tan extraordinaria que parece sacada de la mente de un novelista fantasioso. Pero no, es bien real.
Esta italiana, que siempre ha detestado la política y despreciado el poder, es la mujer con más poder en uno de los países más turbulentos y fascinantes del planeta. Cientos de millones de personas la votaron en las últimas elecciones generales de 2004. Imaginen si en España ganase las elecciones una mujer india, de padres indios y nacida en la India... Levantaría ampollas, como ocurrió allí. Sonia ha sido víctima de una virulenta campaña en su contra por parte de los sectores más nacionalistas. Por eso vive recluida. No da entrevistas porque todo en su vida es “político”. Si dice que su plato favorito es la pasta, se le echan encima con el argumento falaz de que “no es india”.
Pero ella se siente india. Ha pasado más de la mitad de su vida en Nueva Delhi, desde que en 1968 se casó con Rajiv Gandhi, su gran amor. La víspera de su boda, su suegra Indira Gandhi le entregó un paquete: era un sari rojo, el que ella había llevado el día de su boda. “Me gustaría que te lo pusieras mañana”, le rogó. Lo había hilado Nehru, el padre de Indira, en la cárcel, durante la lucha por la independencia. Más que un traje de boda, era todo un símbolo. Sonia no podía sospechar que, al vestir ese sari entraba a formar parte, ella también, de la historia de la India.
Adaptación
Su sorprendente victoria electoral aportó el elemento que faltaba a la historia, un final. Y fue un desenlace inau dito. Al renunciar al puesto de primera ministra, se hizo aún más poderosa. Hoy, Sonia Gandhi reina en el segundo país más poblado del mundo, mientras el primer ministro que ella nombró gobierna. No está mal para esa chica tímida, nacida en un pueblecito del norte de Italia en plena posguerra, hija de un pastor de vacas que luego prosperó y se hizo empresario de la construcción, que soñaba con una vida normal. ¡Cuánto camino recorrido desde que se enamoró de un chico de modales impecables, afable, que hablaba con un perfecto acento inglés y que tenía la piel cetrina! Su padre puso el grito en el cielo: “¿Cómo? ¿Que te has enamorado de un indio?”. Era como si se hubiera enamorado de un “terrone”, como llaman en Italia a los inmigrantes del sur, con el agravante de que ni siquiera era católico. Sonia, fiel al dictado de su corazón, esperó a cumplir la mayoría de edad para viajar a Delhi, a casarse. Su adaptación no fue fácil, pero Indira la ayudó. Ambas forjaron una relación de profundo afecto.
Cuando fui a ver a un viejo amigo de los Gandhi para decirle que quería escribir un libro sobre Sonia, él intentó convencerme para que desistiese: “Sonia no quiere que nadie escriba sobre ella. No está en el poder por haberlo buscado, al contrario; entonces, ¿qué gana con que escriban de ella?”. Está bien, me dije, si ella no quería hablar, seguro que lo harían los amigos, las relaciones, los antiguos compañeros. Fue el principio de una investigación que me llevó casi tres años y que culminó hace poco, en mayo, en el palacio de la Presidencia de la República en Nueva Delhi, cuando conocí a Sonia en una recepción oficial. “Madam –le dije– llevo tres años viviendo con usted”. Me miró como si fuese un loco. “¿Cómo dice?”. Le conté que estaba acabando “El sari rojo”, un libro sobre su vida y la de su familia, que era también un libro sobre la India de hoy. Le dije que todas las mañanas durante tres años me había levantado pensando en ella y que todas las noches me acostaba pensando también en ella. Le di recuerdos de amigos suyos de la infancia, que no la olvidaban. Echó una sonora carcajada, y se dibujaron en su rostro esos simpáticos hoyuelos que la caracterizan. Lo que yo no sabía, al empezar esta investigación, es que el personaje acabaría seduciéndome tanto.
Una vida ejemplar
Cualquier otra mujer, en su lugar, se habría convertido en una gran burguesa de Nueva Delhi, pensando únicamente en su propio bienestar; pero ella se ha mantenido siempre fiel a sí misma. Sigue siendo la hija de una familia humilde que no olvida su compromiso con los pobres, una mujer sencilla, amante de la familia y de un lujo inalcanzable para ella: tener una vida normal. Como ella misma lo define, su vida ha sido una historia de luz y de sombras, de misterio y de la mano oculta del destino. Una historia de lucha interior y de tormento, de cómo la experiencia de la pérdida puede aportar un sentido más profundo a la existencia.
PASIÓN Y POLÍTICA
¿Cómo se llamaba la suegra de Sonia Gandhi?
Las 25 primeras personas que nos manden la respuesta correcta recibirán un ejemplar de “El sari rojo” (Seix Barral) de Javier Moro. Escribe a “El sari rojo”. Revista Mujer Hoy. C/Juan Ignacio Luca de Tena, 6, 3ª planta. 28027 Madrid.